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Jueves, 11 Octubre 2012 12:59

Sobre la Muerte

  • Algo que no debe de ninguna manera entristecernos, ”como los otros que no tienen esperanza”
Escrito por

Para aquéllos que no tienen una fe viva en el Señor, la muerte generalmente resulta un tema lúgubre, del cual mejor no hablar.  Para otros, sobre todo cuando la misma se avecina, puede ser algo que infunde un pánico terrible que los aterra y atormenta.

En cambio, para los hijos de Dios constituye en realidad un trampolín para saltar a un más allá de dicha inefable y eterna.
Muchos jóvenes, o de mediana edad, preferirán no molestarse en leer esto, considerando que no es tiempo de pensar en este tema, y que hay cosas mejores y más placenteras en qué ocuparse.

Sin embargo, en un libro de Billy Graham aparecido recientemente, este gran siervo de Dios se lamenta de que, en años idos, se le enseñó a prepararse para la vida y el ministerio, pero nunca para la vejez y la muerte.

TESTIMONIOS SOBRE EL CIELO
Extrayendo de su gran acopio de experiencias, a la muy avanzada edad de casi noventa y tres años, presenta en este libro – titulado “Cerca de Casa” – una serie de reflexiones, enseñanzas y consejos muy provechosos.  Muchos podrían encontrarlo muy útil y aleccionador.

En esta breve aportación nos proponemos presentar una serie de verdades, mayormente extraídas de lo que las Sagradas Escrituras nos dicen sobre el tema.
No habrá nada novedoso, pero trataremos de expresarlo de una forma coherente y que permita a cada uno visualizar las cosas con claridad, y además, con la confianza y aplomo que nos comunica la palabra de un Dios, del cual se nos dice que es imposible que mienta (Hebreos 6: 18)

Por empezar, digamos que, a diferencia de los que nos han precedido en el tiempo, ninguno de nosotros ha experimentado estas dos cosas: la muerte en sí, y la entrada en el reino del más allá.
Son sin lugar a dudas dos eventos de la mayor importancia, los cuales suceden el uno seguido del otro de forma tan inmediata, que hasta casi resultan simultáneos.
Entre los años 1987 y 1992, cuando estábamos dedicados a la obra misionera en la República Argentina, pudimos oír testimonios de dos que fueron transportados al cielo por un breve espacio de tiempo.
Al escucharlos con atención, pudimos llegar a la conclusión de que eran testimonios veraces de experiencias vivas y reales con el Señor.  Además, con posterioridad siguieron una trayectoria limpia y correcta en el servicio del Señor. Para no extendernos demasiado, no damos detalles de esas experiencias.

En cambio, pasamos a referirnos escuetamente a una carta que colocamos en un cuadro en el hall de entrada de la vivienda en el Norte de Gales, donde lideramos una comunidad de fe y de vida de 1972 a 1979. Lo hicimos porque tenía un significado especial.  Estaba escrita de puño y letra por C.T. Studd, el eminente siervo del Señor, por cuya vida y ministerio surgió posteriormente la misión W.E.C. (Cruzada Evangelística Mundial) e iba dirigida al marido de la anciana hermana Mam Bailey, en cuya amplia vivienda tenía su asiento la comunidad a que nos referimos.

En la carta, C.T. Studd reseñaba el testimonio de un nativo del Congo, en el África, que falleció y a muy poco volvió a vivir. En un brevísimo espacio de tiempo, se le hizo entender que pronto vendrían quienes les enseñarían sobre el verdadero Dios y el camino de la salvación.  Serían de origen inglés, y de hecho, al narrar a su regreso esta experiencia a sus familiares y vecinos, pasaron a llamarlos los inglesi.
Poco tiempo después, efectivamente llegó C.T. Studd, junto con algún par de acompañantes, y de forma muy tesonera y sacrificada, viviendo en condiciones muy precarias, proclamaron por primera vez el evangelio en esas tierras.

También recomendamos al  lector el libro “Noventa Minutos en el Cielo” por Don Piper.
Al leerlo, uno queda con la impresión de que su experiencia fue algo incuestionablemente auténtico. En la parte final señala qué él sabía muy bien que hay un cielo, pues había estado en el mismo, y sabía además con toda certeza que al terminar su vida terrenal él irá a ese lugar tan maravilloso,  agregando el deseo de que todo lector también vaya allí por la fe en el Señor Jesucristo.

LAS VERDADES DE LA BIBLIA
Todo lo anterior nos resulta totalmente fehaciente y verídico.
No obstante, según se nos dice en 2ª. Pedro 1: 19 “tenemos también la palabra profética más segura”, y a continuación pasamos a matizar algunas de las verdades más importantes que se nos presentan en las Escrituras.

En un buen número de ocasiones la muerte se presenta como estar durmiendo. (Ver Juan 11:11-13; 1ª. Tesalonicenses 4: 13, etc.)
Sabemos que el sueño es algo bueno y muy necesario establecido por Dios al crear al hombre. ¡Imaginaos si al crearnos, al Señor no se le hubiera ocurrido inventar el sueño!
Por así decirlo, nos desconectamos por completo después de haber trabajado la jornada entera, para entrar en un dulce reposo, y con un mecanismo interno que hace que cuando hayamos descansado lo suficiente, nos despertemos renovados y bien dispuestos para iniciar un nuevo día.

No obstante, creemos que el sueño de la muerte es un sueño consciente, según se desprende del caso del  hombre rico,  Lázaro y padre Abraham, narrado por Jesús en Lucas 16: 19-31. Y, desde luego, el estado en que se encontraban Lázaro y Abraham era diametral y abismalmente opuesto al del hombre rico, quien padecía horrorosamente atormentado.
Debemos también tener muy en cuenta que Jesús no presentó esto como una  parábola o semejanza, sino como un hecho bien concreto y consumado.

Notemos también algo importante, relacionado con la diferencia entre la forma en que se describe la muerte en el Antiguo Testamento, y cómo se lo hace en el Nuevo.

Tomemos dos ejemplos del Antiguo:
“Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de días, y fue unido a su pueblo.” (Génesis 25: 8)
“Y exhaló Isaac el espíritu, y murió, y fue recogido a su pueblo, viejo y lleno de días.” (Génesis 35: 29)

En el Nuevo nos encontramos con algo distinto. Veamos:
“…teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor.” (Filipenses 1:23)
“…y así estaremos siempre con el Señor.” (1ª. Tesalonicenses 4: 17)

No debemos interpretar, en base a lo anterior, que los santos del Antiguo Testamento siguen todavía en esa situación menos privilegiada. En Su resurrección, Cristo los levantó a ellos también, llevando cautiva la cautividad, según se afirma en Efesios 4: 8-10.
Lo que sí es evidente es que la muerte y resurrección de nuestro amado Señor es lo que hizo posible que, tras la muerte, tanto ellos como nosotros, pasásemos a estar en Su maravillosa presencia.

En 2ª. Pedro 1: 14 el apóstol emplea otra forma de describir la muerte, la cual resulta por demás significativa.
“…sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado.”

Esto es una forma de decir que esa vestimenta de carne y hueso que había llevado durante sus años aquí en la tierra, ahora la iba a dejar atrás, y su ser interior iba a trasladarse al cielo para estar siempre con el Señor. No obstante, él pensaba aprovechar bien el tiempo hasta el momento final, alimentando y animando a los corderos y las ovejas de Señor, según el mandato que había recibido de Él en la conversación de Juan 21:15-19.

QUITANDO LA CARA FEA  A LA MUERTE
La muerte entonces no era algo temible ni terrible, ni para él, ni para el apóstol Pablo, ni para ninguno de los siervos fieles del Señor. Por el contrario, era, y también debe ser para nosotros, los que nos sabemos Suyos de verdad, una esperanza bienaventurada y gloriosa.

Esta esperanza no debe inducirnos a un letargo o pasivismo estéril, sino que, en la medida que lo  permitan nuestras fuerzas, a que sigamos hasta el final prodigándole al que tanto nos amó, nuestra más noble devoción en Su servicio santo.

En definitiva:- algo que no debe de ninguna manera entristecernos, ”como los otros que no tienen esperanza.” (1ª. Tesalonicenses 4: 13) Tal y como dice el salmo: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos.” (Salmo 116: 15)
Él no la ve como una calamidad o una pérdida irreparable.  Todo lo contrario, para Él es la puntada final y el salto a un más allá de dicha indecible, para una vida que ha sido Suya, y que ha sabido honrarlo y servirlo con su mejor amor.

Finalmente, dos citas más que nos animan sobremanera, y que deberían disipar toda duda o temor de cualquier hijo de Dios que lo pudiera tener.
“…Sorbida es la muerte en victoria.”
“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?  ¡Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”
“Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado la ley.”
“Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.”
“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” (1ª. Corintios 15: 54-58)


“Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor.” (Apocalipsis 14:13)

Ricardo Hussey, Octubre 11 de 2012.-

Ricardo Hussey

Ricardo Hussey nació en Buenos Aires en Diciembre de 1927 y se convirtió al Señor a la temprana edad de 15 años.

Poco después de cumplir el servicio militar cursó estudios en el Centro de Enseñanza Bíblica de la Unión Misionera Neotestamentaria, en Temperley, al Sur de la ciudad de Buenos Aires, de los años 1949 al 1951 inclusive. Fue allí donde conoció a Sylvia Meyler Charles, con quien más tarde contrajo matrimonio. De 1958 a 1971 residió en el Reino Unido, desempeñándose como pastor laico primeramente y como anciano del Liverpool Christian Fellowship posteriormente.
 
Desde Mayo de 1971 ha estado abocado al ministerio a tiempo pleno, como misionero en España durante 1971 y 72. Lideró una comunidad de fe y de vida en el Norte de Gales desde 1972 hasta 1979, desde donde partió con su esposa  para servir otra vez como misionero en España desde 1979 hasta 1987, y en la República Argentina desde 1987 hasta 1992.
 
También ha efectuado visitas ministeriales a Chipre, el Sur de Irlanda, Inglaterra y Escocia, y en menor medida en el pasado a Francia y Alemania. Su mayor actividad, no obstante, ha sido en España, donde por la gracia del Señor ha podido poner fundamentos apostólicos y proféticos en algunas iglesias.
 
Ha escrito doce libros, de los cuales el undécimo se encuentra en la imprenta con miras de salir a principios de 2013, si todo va bien, mientras que el duodécimo por ahora sigue inédito. Actualmente reside en Liverpool, Inglaterra, a unos 60 km.
 
Más información en su sitio web: ricardohussey.com

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