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Jueves, 27 Julio 2017 11:11

Un gran problema para Occidente: el esperma se ha reducido un 59% desde los 70

  • Una nueva y amplia revisión pone de manifiesto que desde 1973, la concentración y número de espermatozoides han disminuido constantemente hasta disparar la infertilidad masculina
Escrito por Radio Televisión Vida

Muchas de las distopías de ciencia-ficción de las últimas décadas, como 'Gattaca' o 'Hijos de los hombres', sugieren la posibilidad de que en el futuro la gran mayoría de la humanidad llegue a ser biológicamente infértil. Como ocurre a menudo con esa clase de obras, se mezcla el miedo subconsciente de la sociedad hacia su futuro con cierta base real. Una revisión de estudios publicada en 'Human Reproduction' pone ahora de manifiesto que no se trata de una hipótesis tan lejana a la realidad, al desvelar el constante y acentuado declive de la cantidad del esperma masculino desde los años setenta.


La investigación, realizada a partir de 185 estudios académicos previos, señala que durante las últimas cuatro décadas (concretamente, entre 1973 y 2011), la cantidad de esperma eyaculado por los varones ha descendido hasta un 59,3%. La concentración de esperma se ha reducido en un 52,4%. Eso quiere decir, recuerda la investigación, que “una proporción cada vez mayor de varones tienen un conteo espermático por debajo del umbral de la subfertilidad o de la infertilidad". No solo eso, sino que tampoco se ha producido ninguna “estabilización durante los últimos años” que mitigue el efecto.

“La alta proporción de hombres en países occidentales con una concentración por debajo de 40 millones por mililitro es particularmente preocupante, dado que sabemos que un conteo espermático por debajo de ese nivel se encuentra asociado con una menor probabilidad de concebir”, explican los autores en las conclusiones. Los hombres analizados procedían de Europa, América del Norte, Australia y Nueva Zelanda. El tono de la investigación es particularmente alarmista, ya que, como recuerda la BBC, el doctor Hagai Levine, del Centro Médico Hadassah, ha recordado que de seguir así, las consecuencias pueden ser devastadoras.

“Si no cambiamos la manera en la que vivimos, el medio ambiente y los elementos químicos a los que estamos expuestos, estoy muy preocupado de lo que puede ocurrir en el futuro”, ha explicado. “Puede que tengamos un problema con la reproducción a un nivel general, y esa puede ser la extinción de la raza humana”. Otros científicos, no obstante, han mostrado sus dudas respecto a los métodos utilizados por Levine y sus colegas (entre los que se encuentra el español Jaime Mendiola, de la Universidad de Murcia), como es el caso del profesor Allan Pacey, de la Universidad de Sheffield, que aseguraba que nunca le habían parecido convincentes los estudios previos realizados sobre el tema, y que “el realizado por Levine y sus colegas repite algunas de sus deficiencias”.

¿Qué está pasando?
Los datos que aparecen en los países desarrollados no se repiten en otras regiones del mundo, como Sudamérica, Asia o África, pero los científicos recuerdan que en ellos se han realizado menos estudios. Además, estos señalan que los problemas asociados con este declive en la cantidad y concentración del esperma van más allá de lo meramente reproductivo, ya que ponen de manifiesto otros problemas de salud, como tumores testiculares, criptorquidia (testículo oculto) o problemas con los niveles de testosterona.

“El declive en el conteo espermático puede ser considerado como el 'canario en la mina' para la salud masculina a lo largo de toda su vida”, concluyen los investigadores. “Nuestra investigación, por lo tanto, debería dar lugar a otros estudios para averiguar sus causas, así como para su prevención”. La obesidad, que se ha extendido durante las últimas décadas, es uno de los factores citados con mayor frecuencia en las investigaciones realizadas sobre el tema.

Aunque el declive de las tasas de natalidad en los países desarrollados ha sido puesto de manifiesto a menudo, por lo general tiene en cuenta factores socioeconómicos y no, como en esta ocasión, biológicos. Entre los elementos que pueden contribuir a esta situación se encuentran los estilos de vida occidentales. Principalmente, el tabaquismo, la mala alimentación, el estrés o la vida sedentaria. En opinión de Levine, es donde debemos empezar a actuar si queremos revertir esta tendencia que, añade, tan solo irá a peor durante los próximos años, a medida que estos comportamientos se acentúen.

De ahí que incluso los que no se muestran totalmente de acuerdo con los resultados obtenidos señalen que, al menos, sí apuntan a una interesante dirección de futuro. Pacey señala que, a pesar de los posibles errores, la presente investigación representa “un paso adelante para aclarar los datos que nos pueden llevar finalmente a definir mejores estudios para examinar este problema”. El estudio, no obstante, no analiza cada uno de los posibles factores de riesgo en la fertilidad masculina, sino que se limita a recoger previas investigaciones.

¿Y ahora?
Durante los últimos 25 años, son muchas las investigaciones que han intentado contabilizar la cantidad de esperma eyaculado por los hombres, y un gran número de ellas, recuerda el presente estudio, utilizan metodologías inadecuadas. En parte porque algunos se elaboran a partir de los datos obtenidos de los pacientes de las clínicas de fertilidad, que suelen sufrir con mayor frecuencia estos problemas, pero también porque el mundo de la edición académica favorece la publicación de los estudios que muestran este declive, y no de los que lo niegan.

En 'The Independent', el profesor de embriología de la Universidad de Mánchester Daniel Brison señala que el tamaño del estudio da carpetazo final a la pregunta de si el descenso se está produciendo o no con una respuesta afirmativa. En el mismo medio, el profesor Richard Sharpe, de la Universidad de Edimburgo, coincide en que los datos muestran el declive “más allá de cualquier duda razonable”.

La duda, por lo tanto, es ahora conocer cuáles son los factores más importantes que entran en juego, relacionados con los estilos de vida o con otros planteados por Levine y sus colegas, como la disrupción endocrina provocada por sustancias químicas o el consumo de tabaco por parte de la madre durante el embarazo. De ahí que animen a “regular mejor las sustancias químicas creadas por el hombre y continuar con nuestro esfuerzo para atajar el tabaquismo y la obesidad”.


FUENTE: elconfidencial.com (27-07-2017)

 

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