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Lunes, 06 Noviembre 2017 09:38

Las mafias rumanas compran a niños y mutilados para obligarlos a mendigar

  • Una veintena de estos grupos esclaviza a 200 personas, muchas menores, en la capital
Escrito por Radio Televisión Vida

Zaida [nombre ficticio] solo nos dice que tiene apenas 16 años. Se pasa las mañanas y las tardes en la esquina de la calle de Alcalá con la de Florencio García, en el barrio de Ciudad Lineal. Siempre lleva un pañuelo negro en la cabeza. Sentada sobre una manta comida por la mugre, con las rodillas encogidas, entre las que sostiene un vaso de cartón para pedir dinero.

Es casi la una de la tarde y se le acerca un hombre que le saca unos 20 años, barrigón y con cara de pocos amigos, sucio de los pies a la cabeza. Lleva una tartera de la que come, como si no hubiese un mañana, arroz con lo que parecen trozos de pollo. Si Zaida fuera prostituta, que no lo es, diríamos que el tipo es su proxeneta. Pero la muchacha no es más que la víctima del jefe de uno de los clanes rumanos de la mendicidad que operan en el distrito. Otro tipo de trata de seres humanos.

Una hora después, sobre las dos, a la menor se la puede ver a unos dos kilómetros de allí, acompañada de otras mujeres sometidas a las mafias y vigiladas por dos o tres hombres. Se encuentran junto a lo que eran los Cines Canciller, en la zona de El Carmen. Allí, están tirados en el suelo, echando cuentas y con sus cachivaches acumulados de cualquier manera en dos carros de supermercado desvencijados.

«Te vendo a mi hermana por 6.000 euros»

La corta edad de estos chicos y chicas (aunque estas son las más numerosas) no es casual. Son víctimas de la compra-venta de menores que las mafias rumanas practican para engrosar sus filas de mendigos. Hay dos maneras de llevar a cabo esta inhumana «transacción»: bien casándolos con miembros de la organización, a modo de dotes; bien abonando directamente dinero por el chaval o chavala. Este periódico ha podido comprobar en primera persona cómo, en el poblado de El Gallinero, un hombre hacía el siguiente ofrecimiento a un redactor de ABC: «Te vendo a mi hermana por 6.000 euros. Tiene 14 años». Tal cual.

La Policía Nacional apenas ha podido realizar operaciones sobre este tipo de grupos, al no quedar constatado que se trate de algo más que mendicidad; un asunto (el de la desprotección de menores que hacen de pedigüeños), además, sobre el que tienen las competencias los municipales. Las mafias operan desde Rumanía; suele ser allí donde se conciertan estas bodas esclavistas. Hace años, se llegaba incluso a mutilar a niños para que, cuando crecieran, su aspecto conmoviera más a la ciudadanía. Aún puede verse a más de uno por las calles de Madrid, sobre todo en el entorno de la Puerta del Sol y en el semáforo entre Francisco Silvela y María de Molina.

En la actualidad, esas personas sin brazos o con extremas deformidades en sus miembros son esclavizados por las mafias. Comprados también. Se cotizan casi al peso. Como si no fuesen personas. Y todo, mientras que el Gobierno rumano mira hacia otro lado. De poco han servido los intentos de las autoridades españolas de que la Fiscalía del país del Este realice investigaciones patrimoniales sobre los que mueven los hilos en Braila y Tandaréi, las dos zonas rumanas que más mendigos gitanos «exportan» a nuestro país, explican fuentes policiales.

Palizas como escarmiento

Porque el dinero que obtienen, que no es poco, va en su mayor parte a los cabecillas del lugar de origen. Una pequeña cantidad, entre 100 y 150 euros, puede ir a parar a los padres de los niños esclavizados, también en Rumanía. Para conseguirlo, eso sí, les obligan a recaudar un mínimo diario, que puede ser de unos 40 o 50 euros. Si no cumplen, se enfrentan a palizas o a no comer nada ese día. De ahí que muchos de estos mendigos opten, directamente, por robar a viandantes.

El régimen de su día a día es de esclavitud. Residen en chabolas de San Fernando de Henares, Valdemingómez y El Gallinero; o en pisos «okupados». Dar cifras exactas es muy complicado, pero se calcula que hay unos 20 clanes que operan prácticamente por todo el municipio de Madrid y controlan a alrededor de 200 personas.

Antes, los llevaban en furgonetas hasta el centro de la ciudad. Uno de los puntos desde donde se repartían era la esquina de la Gran Vía con la plaza de España; también se les encuentra en el subterráneo de la Cuesta de San Vicente y en la calle de Bailén. En la actualidad, lo más común es que lleguen en autobús hasta la estación de Conde de Casal, y luego, cada grupo, a sus puntos para pedir.

Las fuentes policiales consultadas indican otra similitud con respecto al negocio de la prostitución: entre los diferentes clanes hay peleas por el control de una zona, puesto que las hay más cotizadas que otras. Cada grupo se ha apoderado de un área donde predomina el comercio. En esquinas donde Zaida y otras tantas chiquillas arrastran su calvario sin que nadie las mire al pasar.


FUENTE: abc.es (06-11-2017)

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